En un momento en el que sólo los hombres podían ser soldados, tres mujeres españolas destacaron por su coraje y valor, cogiendo las armas para defender su país.
Agustina de Aragón, Manuela Sancho y Casta Álvarez, son tres de las heroínas más reconocidas de Los Sitios de Zaragoza, que lucharon en la guerra de la Independencia contra los franceses. Estas mujeres vivieron en una época en la que la guerra era algo exclusivamente reservado para los hombres, pero en la batalla de Zaragoza la defensa, no era en un campo de batalla, era en los hogares. Por esto las mujeres no permanecieron pasivas y jugándose la vida tomaron las armas igual que los hombres. Con motivo del centenario del primer sitio, en 1908, los restos de las tres heroínas fueron sepultados en la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Portillo (Zaragoza).

AGUSTINA DE ARAGÓN

Agustina Raimunda María Zaragoza Doménech, era su nombre real y aunque por su apellido parezca “maña” nació en Barcelona en 1786 siendo la penúltima de 11 hermanos. Con apenas 17 años se casó con Joan Roca Vilaseca, de profesión artillero por lo que cuando estalla en Madrid la rebelión antifrancesa contra Napoleón, su marido fue movilizado y tuvieron que separarse. Al poco tiempo Agustina se traslada a Zaragoza, los motivos no se saben bien.
Durante el primer sitio de Zaragoza, a principios del verano de 1808, Agustina participó en la defensa de la ciudad como la gran mayoría de mujeres: cosiendo sacos, avituallando con comida, agua y munición a los defensores e incluso realizando labores ocasionales de enfermería.
Pero algo estaría a punto de cambiar. El día 3 de julio se encontraba en el Portillo de San Agustín suministrando munición, en el momento en que los franceses abatían al último de los artilleros que defendía la posición. Cuando las tropas napoleónicas estaban a punto de completar el asalto final, Agustina prendió la pólvora de una de las piezas de artillería, llevándose por delante a numerosos enemigos. Su acción sirvió para que otros civiles tomaran posiciones y rechazaran a los franceses que pretendían tomar aquel bastión.
Después de que los franceses levantasen este primer sitio en el mes de agosto, Agustina «la Artillera» fue recompensada por el general Palafox, el comandante de la plaza, con el grado de subteniente y concesión de una pensión vitalicia. Sus acciones bélicas no concluyeron tras este episodio, ya que de nuevo participó en el segundo sitio de Zaragoza contra los franceses y que concluyó con la capitulación de la ciudad.
Agustina cayó enferma y los franceses la capturaron. Pretendían llevarla a Francia pero Agustina consiguió huir a su paso por la localidad navarra de Puente de la Reina, desde donde marchó hacia zonas libres del dominio francés. Tras recuperarse volvió a la carga reincorporándose al ejército y consiguiendo varias victorias.
Al finalizar la guerra, Agustina se había hecho muy famosa. Se la invitó a visitar Andalucía y los ingleses le rindieron honores militares en Gibraltar. Fue tal su popularidad que incluso Goya la retrato en uno de sus grabados.

Se rumoreaba que Agustina tenía una relación amorosa con un hombre llamado Luis de Talarbe a quien había conocido estando casada. Cuando su marido desaparece Talarbe no se separa de ella durante toda la guerra.
Una vez finalizada la guerra y vuelto al trono Fernando VII, Agustina estuvo residiendo en Barcelona, Segovia y Valencia y fue aquí donde su esposo desaparecido la contactó. Agustina no tuvo más remedio que volver junto a él a Barcelona y Luis Talarbe se marchó a América. En 1823 muere Joan y al poco tiempo de enviudar Agustina se traslada a Valencia donde conoce a un joven médico, 12 años menor que ella, llamado Juan Cobos y decide rápidamente casarse con él para salir de su precariedad económica. De este matrimonio nació su hija Carlota. El médico era simpatizante de los carlistas, pero eligió el bando perdedor por lo que la guerra carlista minó la fortuna familiar además de suspenderle el pago de la pensión que Agustina se había ganado en la guerra de la Independencia.
En 1853 Agustina se instala en Ceuta, en casa de su hija que estaba casada con un militar allí destinado. Aquí falleció 4 años después.
Sus restos fueron trasladados a Zaragoza en 1870 y depositados provisionalmente en la basílica del Pilar, posteriormente fue sepultada en la iglesia de Nuestra Señora del Portillo.
MANUELA SANCHO

Manuela Sancho y Bonafonte nació en 1784 en el pueblo de Plenas, provincia de Zaragoza, donde vivió con sus padres y sus 4 hermanos, hasta los 12 años cuando su familia se trasladan a Zaragoza. Cuando tiene 24 años llegan los franceses a Zaragoza y Manuela no se lo pensó dos veces, tenía que hacer algo y como no le dejaban coger las armas, porque era mujer, se dedicó a llevar provisiones a los soldados jugándose la vida. Fue en el segundo sitio en 1809, cuando Manuela tomó la iniciativa de pasar a primera línea de acción. No dudo en empuñar las armas en la defensa del Convento de San José, convertido entonces en fuerte, luchó en las trincheras y llegó al cuerpo a cuerpo en la calle Pabostre donde fue gravemente herida. Manuela se recuperó de esa herida y recibió una condecoración por su comportamiento como artillera y fusilera, una cinta encarnada y una pensión de dos reales diarios, cinta que llevó en su pecho durante toda su vida. De ella dijo el militar Renovales en una carta al general Palafox: “Esta mujer tiene más valor que muchos de mis hombres.”
Se casó tres veces, con Manuel Martínez, labrador, después con Joaquín Tapieca, sargento y muerto este en, se volvió a casar con Santiago de San José, guarnicionero. Continúo viviendo en Zaragoza y acudió al homenaje que le hicieron en la ciudad cuando pusieron su nombre a una calle, la misma en la que recibió el disparo durante el conflicto.
Manuela falleció en 1863 a sus casi ochenta años. Se convirtió en un personaje literario, tanto es así que Benito Pérez Galdós la mencionaba en su novela ‘Zaragoza’, donde la describía como “una muchacha delgada, intrépida, grandiosa, imagen de la serenidad trágica”.
CASTA ÁLVAREZ

Casta Álvarez Bravo nació en Oran en 1786 . Al igual que Agustina y Manuela también fue una heroína de Los Sitios.
Nacida en una familia humilde de Figueruelas, Casta destacó en las labores de aprovisionamiento y logística para la defensa de la ciudad. Además luchó contra los ulanos polacos, que eran un cuerpo de élite de la caballería de Napoleón, en la Puerta del Carmen, Casta junto con otros zaragozanos consiguieron rechazar la entrada del ejército francés. Con una bayoneta o un palo, alentaba a los hombres a combatir siendo ella misma ejemplo por lo que recibió condecoraciones como la medalla de Defensora de la Patria y hasta una pensión de 4 reales.
Tras la guerra se casó en su pueblo, Cabañas del Ebro, pero tras la muerte de su marido pudo sufrir demencia senil y murió pobre pues alguien debió quedarse con la pensión que recibía. Su figura fue reconocida en el primer centenario de Los Sitios, se localizaron sus restos en el cementerio de su pueblo y fueron trasladados con los máximos honores a Zaragoza junto con los de Agustina y Manuela.
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